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Archive for 23 mayo 2010

India, a country of wonders and contrasts

Thanks to the support of Ashoka, a few weeks ago I visited India, one of the countries that will write the fate of the world in the XXI century. One of the most surprising things about this country is the richness of its past, the contrasts of its present and the aspirations of becoming a world power in the future. As an outside observer, I could not but marvel at the profound, almost schizophrenic, contrasts which coexist: a country where one of the most dynamic software industries in the world coincides with 456 million poor people, many of whom live on the same farming practices that Mark Twain described in “Travelling on the Equator” in the late nineteenth century. In India, a profound spirituality coexists with one of the fastest material accumulation processes of our time. It is also a country where several women have held the highest political offices while its society still has amongst the highest levels of discrimination against women.

Looking at its origins, many predicted it would not stay together after independence. After all, this is a country where 800 languages are spoken. India, however, has remained not only together, but in a democracy, the largest in the world. And it is precisely here that many find the answer: a diverse society could only stay together thanks to pluralism and the strengthen democratic institutions have been gaining over the years. 

Its economic and political development has not come without challenges. The first one is lifting out of poverty hundreds of millions of its citizens. Another one, of similar magnitude, is overcoming corruption. On my visit to New Delhi, to a research center that advises the Parliament, I met with a parliamentarian from a mostly rural State. This woman, about 60 years old, did not speak English or Hindi (the most common language in India) neither did she understand the codes of the federal government’s bureaucracy. Therefore, she sought advice from my colleagues at PRS on how to disarm the dense network of corruption around a farming subsidy program which involved local authorities, judges and even officials of the Ministry of Agriculture. With my colleagues, we emphasized the need for transparent information and, above all, to win the support of the subsidy’s beneficiaries. Her “namaste” (I bow to you) at the end of the meeting left me mixed feelings: while I confirmed that corruption and political clientelism are the main enemies of the poor, I am certain that possibilities exist as long as there are people willing to fight. 

Despite their differences, India and Ecuador share many similarities. To begin with, both are named after geographic references, as its name comes from the Indus River. Winston Churchill recognized the similarities when he said that “India is as much a country as Ecuador is.” In addition, both countries are highly diverse: ethnically, geographically and politically. However, unlike the democratic breaks Ecuador has experienced in recent decades, India has succeeded not only at staying democratic but further building a collective project for the future, rooted in its history and cultural richness, but not dependent on its essences. 

Another feature of the “Indian model” that could shed light to our development process is the emphasis on moving towards a knowledge society. India is committed to changing from a commodity model to one that exports software and other products of high technological value. To do this, it has used the nearly 20 million Indians living abroad. According to Saxenian Anna in his study “The New Argonauts: Regional Advantage in the Global Economy”, the Indian diaspora has enabled progress in the transition to a knowledge society. The capacity and entrepreneurship of migrants and the establishment of public and private institutions are two factors that allowed knowledge acquired in western universities and companies to transfer to India and in that way avoid the brain drain that has affected countries such as ours. 

Looking ahead, Ecuador and India have many common challenges. Of rich and deep cultural roots, both countries must ensure that its diversity is no longer seen as an obstacle and becomes the basis of individual and social development. The country of 1.2 billion people and 500 languages has bet on democracy, not authoritarianism, as the process to balance the tension between tradition and modernization and build a clear vision of the future. In Ecuador, we still have the challenge of recognizing that we are a diverse society and that with more, not less, democracy we can build a country where there is a social commitment to ensure that, quoting the Indian economist Amartya Sen, all people enjoy of freedom and opportunity to live the life they value.

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India, país de maravillas y contrastes

Hace algunas semanas visité India, uno de los países que trazará el destino del mundo en el siglo XXI.  Una de las cosas que más sorprende de este país es  la riqueza de su pasado, los contrastes de su presente y las aspiraciones de convertirse en la potencia mundial del futuro.  Como observador externo, no pude sino maravillarme por los profundos contrastes, casi esquizofrénicos, en un país donde coexisten una de las industrias de software más dinámica del mundo con 456 millones de pobres, muchos de los cuales subsisten con las mismas prácticas agrícolas que Mark Twain describió en “Viajando por la línea Ecuatorial” a finales del siglo XIX.  En India coexiste una profunda espiritualidad (sus habitantes adoran 20 millones de divinidades) con uno de los proceso de acumulación material más acelerado de nuestro tiempo. Un país donde  varias mujeres han ocupado los más altos cargos políticos mientras sigue siendo una de las sociedades con mayores niveles de discriminación contra el género femenino.  

Mirando sus orígenes, muchos vaticinaron que no se mantendría unida luego de su independencia. Después de todo éste es un país donde se hablan 800 idiomas. India, sin embargo, se ha mantenido no sólo unida sino en democracia, la más grande del mundo. Y es precisamente aquí donde varios encuentran la respuesta. Una sociedad tan diversa sólo se pudo mantener unida gracias al pluralismo y a la solidez de que han ido ganando sus instituciones democráticas.  

Sus avances económicos y políticos no están exentos de desafíos. El primero es sacar de la pobreza a cientos de millones de sus ciudadanos. Otro de similar magnitud es vencer la corrupción. En mi visita a Nueva Delhi fui a un centro de investigaciones que asesora al Parlamento y nos reunimos con una legisladora proveniente de un Estado mayoritariamente rural. Esta mujer de cerca de 60 años no hablaba inglés ni hindi (el idioma más común en la India) ni entendía los códigos de la burocracia del gobierno federal. Por ello, buscaba consejos de mis colegas de PRS sobre cómo desarmar la densa red de corrupción en un programa de subsidios agrícolas que involucraba autoridades locales, jueces y hasta funcionarios del Ministerio de Agricultura. Con mis colegas hicimos énfasis en la necesidad de transparentar la información y, sobre todo, de ganar el apoyo de los/as beneficiarios del programa. “Es que son muy pobres para dedicar tiempo a estas cosas y muchos no saben leer”,  nos respondió. Su “namaste” (gracias) al final de la reunión me dejó sentimientos mezclados por constatar que la corrupción y el clientelismo son el principal enemigo de los pobres pero que hay posibilidades mientras existan personas dispuestas a combatirlo.

Pese a sus diferencias, India y Ecuador comparten varias similitudes. Para comenzar ambos toman su nombre de referentes geográficos, ya que su nombre viene del Río Indus. Winston Churchill ya lo reconocía cuando dijo que “India es tan país como lo es el Ecuador”. Además,  ambos son países  altamente diversos: étnica, geográfica y políticamente.  Sin embargo, a diferencia de las rupturas democráticas que Ecuador ha vivido en las últimas décadas, India ha logrado no sólo mantenerse democrática sino ir construyendo un proyecto colectivo de futuro, enraizado en su historia y riqueza cultural, pero no dependiente de sus esencias. 

Otra característica del “modelo  hindú” que podría dar luces para nuestro proceso de desarrollo es el énfasis en avanzar hacia una sociedad del conocimiento. India se ha propuesta pasar de un modelo de materias primas a uno que exporta software y otros productos de alto valor tecnológico. Para ello, ha recurrido a los cerca de 20 millones de hindúes viviendo fuera del país. Según Anna Saxenian en su estudio “The New Argonauts: Regional Advantage in the Global Economy”, su diáspora ha permitido que India avance en la transición a una sociedad del conocimiento. La capacidad y emprendedurismo de sus emigrantes  así como el establecimiento de instituciones públicas y privadas han permitido llevar al país los conocimientos adquiridos en las universidades y empresas de occidente evitando así la fuga de cerebros que ha afectado a países como el nuestro.

Mirando hacia el futuro, Ecuador e India tienen varios desafíos comunes. De ricas y profundas raíces culturales, ambos países deben lograr que su diversidad deje de ser vista como un obstáculo y se convierta en la base del desarrollo individual y social. El país de los 1200 millones de personas y los 500 idiomas ha logrado que la democracia, y no el autoritarismo, sea la forma de procesar la tensión entre tradición y modernización y de construir una clara visión de futuro.  En Ecuador aún tenemos el desafío de reconocer que somos una sociedad diversa y que es con más, y no con menos, democracia que podremos construir  un país donde exista el compromiso social para asegurar que, citando al economista hindú Amartya Sen,  todas las personas gocen de la libertad y oportunidades para vivir la vida que valoran.

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