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Archive for 22 agosto 2010

Visitando Camboya y Singapur

Gracias a una invitación del International Budget Parnertship, hace pocas semanas visité Siam Riep situada en el Reino de Camboya. Situada a 308 Km de la capital y rodeada de una naturaleza exuberante, esta ciudad alberga una delicada fusión entre las calmadas costumbres del pueblo camboyano y la acelerada presencia de cerca de 600.000 turistas que visitan cada año Ankor Wat, el monumento religioso más grande del mundo. Los 5 siglos que tomó su construcción explican sus 45 imponentes templos, varios de ellos aún entre bosques, donde el silencio de sus siluetas aun inspiran serenidad. Camboya es una monarquía constitucional  donde se combina un pasado de espiritualidad con el horror del genocidio de casi dos millones de personas asesinadas entre 1975 y 1979 durante el periodo que gobernó el régimen comunista de Pol Pot y los jemeres rojos (khmers rouge). Aunque la democracia volvió en 1993, nuestro anfitrión, el Director de una ONG camboyana que promueve transparencia y participación ciudadana, nos decía que el gobierno está endureciendo las regulaciones para las organizaciones de la sociedad civil reduciendo las libertades de expresión y de control social sobre la corrupción que sigue azotando al país.  

Hacia el final de nuestra estancia en Camboya visitamos el lago de Tonlé Sap donde viven, en casas flotantes, cerca de cuatro millones de personas. Escuelas, tiendas y hasta iglesias flotan en las aguas de esta masa de agua de cerca de 16.000 Km cuadrados, aproximadamente el tamaño de la Provincia de Manabí. Cuando estábamos acercándonos a una de las villas flotantes fuimos recibidos por un pequeño bote que navegó a toda velocidad junto al nuestro para ofrecernos, a cambio de un dólar, una foto con la serpiente que uno de los niños de ellos anticipándonos la pobreza que estábamos por presenciar. “Las personas mueren jóvenes porque no pueden leer cuando las  medicinas o los alimentos están expirados”  nos decía Koi, nuestro amigo y guía en el lago, mientras reflexionaba que en Camboya nada cambiará sino se mejora la educación de su gente, especialmente de aquellos como los que viven en  estas villas flotantes.

Luego de dos horas de vuelo desde Siem Riep aterrizamos en Singapur, donde pasamos dos días para visitar a algunos amigos y organizaciones cercanas al trabajo de Grupo FARO. Independiente desde 1959, esta Ciudad-Estado se ha convertido en la sociedad más dinámica y próspera del Sudeste Asiático.  ¿Cuál es el secreto de esta pequeña isla-país que no posee ni agua? (la importaban en una tubería desde Malasia pero decidieron establecer plantas desalinizadoras que reduzca la vulnerabilidad a la dependencia de este recurso). El secreto es, buscar ser una sociedad que se basa en valores y políticas que les han permitido “think ahead, think again and think across”. Un amigo y compañero de mis tiempos  de estudiantes de políticas públicas, ahora encargado de la entidad reguladora de energía del país, nos decía que Singapur ha podido sobrevivir por su capacidad de anticiparse al futuro (el cambio de la matriz energética que tiene planificado alcanzar en los próximos 20 años es un buen ejemplo); de repensar y aprender constantemente para mejorar sus políticas y prácticas; y, de aprender de lo que están haciendo otros países así como promover alianzas entre el Estado y el sector privado para promover innovación y cambio dinámico. Mientras mi amigo reflexionaba sobre los desafíos que tiene su país para evitar que la riqueza que han ahorrado inhiba la capacidad de innovación de la siguiente generación, yo pensaba en otra cosa: ¿Será posible para el Ecuador, al igual que Singapur, generar un consenso social y político por un modelo de desarrollo caracterizado por una visión global y de colaboración entre el sector público y privado pero,  a diferencia de ese país, lograrlos en democracia?.

Hacia el final de nuestra visita en Singapur, una funcionaria del Ministerio de Industria  nos contó que había acababa de estar en Camboya visitando a un médico  de su país que vivía allí hace años. “Singapur tenía el mismo nivel de desarrollo que Camboya, 40 años atrás”, le había dicho. ¿Por qué avanzaron por caminos tan diferentes? La comparación de Camboya y Singapur  parece demostrar una vez más que los recursos naturales no explican el desarrollo de las sociedades. El primero un país rico en bosques, petróleo, gas y tierra. El segundo carece de todos ellos.  Adicionalmente, la diferencia entre los actuales niveles de desarrollo de ambos países se podría explicar  por lo que ha ocurrido con su talento humano. El régimen de Pol Pot asesinó y expulsó a las personas más educadas por que las consideraba portadoras de un germen que iba a acabar con la sociedad. Singapur, en cambio, ha venido trabajando para convertirse en una sociedad del conocimiento basada en un sistema de educación de primer nivel. Mientras que Camboya sigue teniendo millones  que huyeron del genocidio y la pobreza, en Singapur 35% de su población vino de otros países buscando las oportunidades de esta nación donde el talento es valorado como el recurso más valioso.    

En el viaje de regreso, contemplando el polo norte desde el avión, recordaba a Camboya con una democracia que no ha logrado ofrecer libertades ni prosperidad a su ciudadanía y  lo comparaba con el impresionante desarrollo de Singapur y su desafío de traducirlo en una democracia vibrante.  Mientras miraba esas inmensas masas de hielo pensaba en Ecuador y en que, aunque democracia y desarrollo no siempre van de la mano, combinarlas podría ser nuestra forma de asegurar condiciones sociales y económicas para toda la población mediante un proceso de deliberación pública plural que nos permita construir una sociedad que innova y aprende a seguir encontrando su camino al desarrollo.

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