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Archive for 27 agosto 2011

En el pasado reciente, las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) cumplieron algunas de las funciones históricamente desempeñadas por el Estado y los partidos políticos. Sin embargo, los procesos de recuperación del Estado que viven hoy varios países latinoamericanos plantean la necesidad de redefinir el rol de las OSC. Como parte de ese proceso de redefinición existen posiciones diversas sobre si estas organizaciones (incluidos los centros de políticas públicas incluidos) debilitan o fortalecen la democracia y si incrementan o reducen la calidad de la política.

En los últimos meses, el Gobierno del Ecuador ha propuesto y promulgado normativas que regulan a las OSC y limitan de forma sustancial su capacidad de hacer incidencia política. Entre otras razones, se esgrime que estas organizaciones no tienen la legitimidad que otorga la representación democrática. Mi trabajo en Grupo FARO, un centro de políticas públicas que busca, desde la sociedad civil, mejorar la calidad de la deliberación pública, me ha enseñado que éste no es sólo un debate sobre el rol de las OSC sino que es una reflexión sobre el tipo de democracia y sociedad que queremos construir en nuestros países.

Los aportes realizados en las últimas décadas por “think tanks” demuestran que lo público no es sólo lo Estatal y que la política pública no sólo se “hace” de arriba para abajo (la esfera del Estado) sino también de abajo para arriba (la esfera de la ciudadanía). Adicionalmente, como argumenta un editorial publicado recientemente en un periódico ecuatoriano, las OSC también obtienen su legitimidad de las lecciones que ellas mismas sacan sobre su acción en terreno (…); y, de la solidez de las investigaciones académicas que respaldan sus puntos de vista”.

Aunque el desarrollo exige Estados fuertes e inteligentes, reducir lo público a lo Estatal es entender el poder como un juego de suma cero donde el fortalecimiento del Estado se da a expensas del debilitamiento de otros sectores de la sociedad. Esta visión además de no contribuir con la democracia, desconoce el hecho que el desarrollo también requiere de una sociedad civil dinámica y autónoma así como de un sector privado dinámico y responsable; en suma, esta visión reduce el dinamismo y capacidad de una sociedad de generar las sinergias que posibilitan la creación de las ideas y los recursos necesarios para su desarrollo.

Les animo a analizar otros argumentos que presenta este editorial y a que intercambiemos ideas sobre un tema tan actual como relevante para la democracia de nuestros países.

(Estas ideas tomaron forma gracias a la invitacion de Enrique Mendizabal, editor de On Think Tanks, un espacio clave para analizar el vínculo entre evidencia y políticas públicas así como el rol de los think tanks en este proceso).

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Civil society organisations and politics

Recently, civil society organisations have carried out roles that have historically been the compentence of the State and political parties. However, the procecess of ‘recuperation‘ of the State that many Latin American countries are undergoing today, forces us to reflect and redefine these roles. Many positions on the roles of CSOs (includng policy research centres) have emerged as part of this process: do they weaken or strengthen democracy? Do they improve or reduce the quality of politics?

In the last few months, the Government of Ecuador has promoted and approved new legislation that regulates CSOs and substantially limits their capacity to engage with politics. Among the various arguments used is that these organisations do not enjoy the legitimacy that democratic representation confers (no votes, no voice). My work in Grupo FARO, a think tank that aims to improve the quality of public deliberation in Ecuador, has taught me that this is not just a debate about the roles of CSOs but a reflection about the type of democracy and society that we want for our countries.

The contributions made by think tanks in the last decades demostrate that matters of the public are not just those of the State and that public policy is not just “done” top-down (the sphere of the State) but also bottom-up (the sphere of the citizenship). Reducing the idea of the public to the State implies a view of power as if it was a zero sum game in which the strengthening of the State can only happen at the expense of other sectors in society. This view does not contribute to democracy and constraints the dynamism and capacity of society to generate the ideas and resources necessary for its development.

Additionally, as an editorial recently published in an Ecuadorian newspaper argues, CSOs also draw their legitimacy from the “lessons that they themselves learn from their action (…); and the robustness of the academic studies that support their points of view”.

I encourage you to consider other arguments presented in this editorial (in Spanish) and that we exchange ideas on a subject of clear relevance to the democracy of our countries.

(These ideas emerged thanks to the invitation of Enrique Mendizabal editor of On Think Tanks, a virtual space to analize the role of evidence improving public policies as well as the role of think tanks in this process).

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