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Archive for 28 enero 2012

América Latina vive tiempos inéditos. Nunca antes los países de la región habían gozado no solo de democracias estables, sino además de una participación ciudadana tan activa. Adicionalmente, en lo económico la región experimenta tasas sostenidas de crecimiento y de reducción de la pobreza e inequidad no vistas desde hace varias décadas. La explicación es tanto política como social y económica.  Entre los factores económicos que explican la actual bonanza de América Latina se encuentra la creciente demanda de sus recursos naturales.

Propone  que las universidades y los centros de políticas públicas cumplan un  papel clave, no solo al apoyar las reformas públicas que gobiernan el presente, sino proponer aquellas que se requieren para impulsar a la región hacia el futuro. Para ello, sin embargo, se necesitan centros de políticas públicas con la capacidad de ver más allá de la coyuntura y  promover una sociedad del conocimiento con identidad propia que impulse el desarrollo de las mentes, de las relaciones sociales y de las instituciones de creación, innovación y aprendizaje.

América  Latina  y  la sociedad del conocimiento

América  Latina posee el 8,48% de la población mundial, el 46% de la oferta de agua y el 20% de la biodiversidad del planeta (Luzón, 2010). Sin embargo, produce menos del 2,95% del conocimiento científico, tiene solo 1% de universidades entre las mejores 500 del mundo y registra el 0,19% de las patentes globales (Brunner, 2011).

Mientras que en la OECD existen 3 651 investigadores por cada millón de habitantes, en América Latina existen solo 495 (Ricyt, 2011). En parte porque Norteamérica y los países de Europa -que pertenecen a la OECD- producen casi 20 veces más artículos y 40 veces más citas vinculadas con ciencia y tecnología que los países latinoamericanos.

El rol de los centros de políticas públicas en la sociedad del conocimiento

Los centros de políticas públicas no están, por supuesto, exentos del uso predominante de las lógicas deductivas e inductivas.  Por ello, el papel de los ‘think tanks’ no debería limitarse a la función de analizar lo preexistente para informar el presente. Los centros de políticas públicas podrían: 1) desarrollar su capacidad de utilizar lógica abductiva y propiciar saltos mentales (‘Logical leap of the mind’) que permitan que los individuos, las organizaciones y las sociedades puedan visualizar tendencias que de otra forma permanecerían desapercibidas, y 2) generar propuestas para establecer nuevos modelos acordes con dichas tendencias y con potencial de beneficiar a los individuos, a las organizaciones y a las sociedades que lograron anticiparse al porvenir. A continuación, describo algunas de las funciones que podrían tener los centros de políticas públicas en este proceso:

a. Visualización del futuro

Una de las aparentes disyuntivas que confronta la región para avanzar en la consolidación de una sociedad del conocimiento está relacionada con su riqueza natural. La perspectiva dominante ha sido que países ricos en recursos naturales deben pasar a un modelo de desarrollo caracterizado por la industrialización que, en la visión tradicional, es donde se pueden generar conocimientos  y tecnología. Por ello, se concluye que es fundamental pasar de una economía basada en recursos naturales a otra intensiva en industrias para finalmente llegar a una economía basada en servicios y en conocimiento. En este escenario,  el modelo de desarrollo debería optar por realizar estos saltos progresivos hacia una sociedad del conocimiento.

b. Promoción del conocimiento

Los centros de políticas públicas  tienen como una de sus funciones promover la creación, difusión y uso del conocimiento como bien público. Esto no es incompatible con la promoción de intereses específicos de la organización; sin embargo, una de las mayores contribuciones de los centros de políticas públicas es promocionar una ‘cultura del conocimiento’, así como el desarrollo de instituciones claves para la sociedad del conocimiento,  tales como: fondos públicos para la investigación, programas de mejoramiento de la calidad de la educación e instituciones que promuevan la capacitación de futuros investigadores, por nombrar solo los aportes principales.

c.  Diálogos intersectoriales

En la sociedad del conocimiento nadie puede sobrevivir solo. La cooperación entre actores públicos y privados, universidades y organizaciones de la sociedad civil es clave para generar nuevas ideas y tecnologías.

Dado que la innovación se comporta como un bien público en el que ningún actor está dispuesto a financiar los costos iniciales —pues los beneficios pueden ser gozados por otros—, es necesario generar complejos productivos (“clusters”) enfocados en productos específicos donde se articulen empresas, universidades, instituciones del Gobierno central, gobiernos locales y centros de investigación. Las diferentes entidades pertenecientes al cúmulo deben trabajar de forma conjunta para generar conocimiento que permita “sofisticar” dichos productos añadiéndoles valor a lo largo de la cadena de valor y generando así bienestar para los actores que intervienen en las diferentes fases de esta. Para formar “clusters” basta con que haya un conjunto de empresas trabajando alrededor de un mismo producto —la visión de Marshall (1963) de los “conglomerados industriales”—: es necesario que existan mecanismos formales o informales de coordinación y aprendizaje colectivo.

Los centros de políticas públicas tienen, por tanto, el potencial para convertirse en catalizadores de “clusters de conocimiento” donde, como muestran los casos del café en Colombia y el vino en Chile, se propicie la generación y exportación de conocimiento, no solo de los productos, sino de los procesos y las formas organizacionales que añadan valor al recurso natural. Para ello, se requiere generar diálogos entre los diferentes actores, lo que se logra promoviendo confianza entre estos y creando espacios de intercambio y aprendizaje que faciliten la innovación y la generación de conocimiento.

Algunas reflexiones finales

América Latina requiere nuevas ideas que permitan traducir las oportunidades actuales en un modelo de desarrollo más próspero, sustentable y equitativo. Construir un nuevo  modelo de desarrollo basado en el conocimiento no implica solamente convertir a Latinoamérica en un productor de electrónica o telecomunicaciones sino, sobretodo, generar conocimiento y añadir valor a partir de aquellos recursos que posee en abundancia.

El desafío es, por tanto, construir una sociedad del conocimiento a la latinoamericana, una sociedad que esté enraizada en su historia, pero impulsada como un proyecto colectivo de futuro. Los centros de políticas públicas pueden jugar un rol muy importante en este proceso generando evidencia que informe las políticas del presente y proponiendo nuevos modelos y narrativas que, lejos de ser propaganda tecnocrática de modernidad, inspiren y movilicen la creatividad innovadora de los individuos, las organizaciones y las sociedades.

La utilización de esquemas lógicos distintos representa un desafío enorme para los centros de políticas públicas. Cumplir este rol significa que, además de desarrollar la capacidad para generar datos, deben detectar tendencias y proponer las políticas que ayuden a la región a prepararse para el futuro. Además, este rol impone a los centros de políticas públicas el reto de convertirse, más que nunca, en generadores de conocimiento para la gobernanza que promueva la colaboración de diferentes actores alrededor de procesos de aprendizaje e innovación colectiva.

Decía un cantautor latinoamericano que una cosa es el rumbo y otra es el camino. Para apoyar la construcción de nuevos modelos de desarrollo en América Latina, los centros de políticas públicas deben desarrollar su capacidad para saltar los datos existentes y generar nuevos modelos, y al mismo tiempo deben mantenerse como organizaciones de aprendizaje continuo que responden con flexibilidad y rapidez a los cambios que se van presentando en el proceso. Estos mismos desafíos aplican a la sociedad latinoamericana.

Este será el tiempo de nuestra región si se establecen instituciones que, sin dejar de lado el análisis del pasado, ayuden a construir un proyecto colectivo de futuro basado en el conocimiento que le permita convertirse en artífice, y no solo espectadora, del modelo de desarrollo en el que vivirán las futuras generaciones.

(Estas reflexiones provienen de un artículo publicado por la Revista Asuntos Públicos de la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo, Universidad de los Andes de Colombia que luego fue incluido en la Revista EducAcción del Diario El Comercio del Ecuador).

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