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Archive for 15 diciembre 2015

“Libera el potencial del niño, y lo transformarás en el mundo.”

 – Maria Montessori

“Los primeros cinco años tienen tanto que ver en cómo resulten los siguientes 80.”

– Bill Gates

Existe un creciente consenso sobre la importancia de la educación inicial en la construcción de sociedades donde todas las personas puedan alcanzar su potencial. El estudio del cerebro humano nos ha permitido descubrir que el desarrollo del 80% del cerebro ocurre en los primeros 1000 días de vida. En este mismo período se desarrollan habilidades socio-emocionales como la autoconfianza, la persistencia y la capacidad de relacionarse con otros seres humanos y con la naturaleza que nos rodea.

Gráfico 1: Períodos sensibles en el desarrollo cerebral temprano

Gráfico 1: Períodos sensibles en el desarrollo cerebral temprano

Fuente: Council for Early Childhood Development. (2010). The Science of Early Child Development. http://www.council.ecd.ca.

Es por esta razón que el ganador del Premio Nobel de Economía James Heckman ha planteado que la inversión en educación tiene tasas de retorno social que siguen la siguiente curva:

Gráfico 2: Tasas de retorno a la inversión en capital humano para el caso de niños vulnerables

Gráfico 2: Tasas de retorno a la inversión en capital humano para el caso de niños vulnerables

Fuente: Heckman y Masterov, 2007

Las altas tasas de retorno social de la educación inicial se explican, en gran medida, porque la educación temprana de alta calidad es la forma más eficaz para promover el desarrollo de capacidades cognitivas como la creatividad, habilidades sociales como el autocontrol, la apertura, y la habilidad de interrelacionarse con otros y de compensar, por tanto, las desventajas con las que inician los niños que provienen de hogares desfavorecidos. Por ello, Heckman propone que invirtamos más en las primeras fase de la vida pues “es mucho más eficaz y rentable predistrisbuir que redistribuir” (Heckman, 2013).

Pese a esta constatación, los gobiernos latinoamericanos invierten, en promedio, sólo el 0,4% del PIB en la primera infancia  (0 y 5 años), que es menor que el 0,7% invertido por los países de la OECD, que el 1,7% invertido por los países de alto desempeño y que el 1,6% invertidos en la infancia intermedia (6 y 12 años) y con el 5,6% (dato 2012) invertido en educación superior en América Latina (BID, 2015; OECD/NNUU/CAF, 2014).

Gráfico 3: Inversión en primera infancia como porcentaje del PIB (comparativo por niveles y con otras regiones)

Fuente: BID, 2015; OECD/NNUU/CAF, 2014

Sin embargo, el desafío en cuanto a mayor inversión, atención y prioridad no es sólo de los Estados. Sabemos, con el grado de seguridad que proporcionan la evidencia empírica generada por diversos estudios, que el desarrollo cognitivo y socioemocional se halla determinado, en primerísimo lugar, por la familia (el efecto cuna). Y sólo secundaria o subordinadamente por la escuela (Brunner, 2010). Según Esping-Andersen (2009) las familias aportan con, al menos, tres formas de recursos al desarrollo infantil: tiempo, dinero y capital cultural. Estos tres tipos de recursos se expresan en, por ejemplo, la constatación de la importancia de la lectura de padres a hijos y su impacto en el desarrollo infantil.

No obstante, América Latina no se destaca por los proceso de estimulación que ocurren en la familia durante los primeros años.  Un estudio de las prácticas de crianza de las madres de 28 países en desarrollo mostró que la estimulación cognitiva que brindaban las madres era sistemáticamente menor en los países con cifras más bajas en las variables de desarrollo económico, salud y educación, según el índice de desarrollo humano (IDH) de Naciones Unidas, entre los cuales se encuentran varios de América Latina. En ese estudio, el nivel de estimulación cognitiva se midió por el número de veces que la persona al cuidado del niño le leía libros, le contaba cuentos o nombraba cosas, contaba o dibujaba con él.

Sin desconocer la importancia de la inversión en la educación primaria, secundaria y superior, en sociedades inequitativas como siguen siendo las latinoamericanas, es clave priorizar la inversión en la primera parte de la vida que es donde se produce la parte más importante del desarrollo cognitivo y socio-emocional.

América Latina ha hecho importantes avances en el proceso de descubrimiento de la educación como el motor de la transformación de nuestras sociedades. Pero aún tenemos como deuda invertir en la edad temprana. Esta no es sólo una deuda que corresponde pagar al Estado sino también a las familias. Por ello, se requiere la construcción de un pacto social y político que ponga en el centro de la agenda del desarrollo de América Latina un conjunto de políticas y prácticas que permitan construir una sociedad donde todas sus niños y niñas tengan igualdad de oportunidades recibiendo, tanto en sus familias como en la escuela y los otros espacios donde se produce su desarrollo, la estimulación cognitiva y socio-emocional que les permita alcanzar su potencial.

* Artículo escrito por Orazio Bellettini y Adriana Arellano para la Red Latinoamericana por la Educación – REDUCA

 

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