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Archive for 8 septiembre 2016

El terremoto ocurrido en Manabí y el sur de Esmeraldas el 16 de abril pasado dejó 663 personas fallecidas, 80.000 desplazados, más de USD. 4000 millones por daños en infraestructura, pérdidas aún no estimadas por daños a diversos sectores productivos y afectaciones psicológicas y emocionales de magnitud incalculable.

El terremoto, por tanto, redujo de forma significativa y dolorosa el bienestar de las personas y dejó lesiones en el tejido social de las comunidades afectadas. Ahora bien, y tal como se observa en la figura 1, un fenómeno inesperado como el terremoto deja también varios escenarios de lo que podría venir en el futuro. El primer escenario es el que podríamos llamar de “reconstrucción” y ocurre cuando la sociedad regresa a los niveles de bienestar existentes previos al fenómeno natural. Podríamos denominar al segundo de la “crisis prolongada” pues se produce cuando la población queda en condiciones menos favorables a las existentes antes del suceso natural. Existe, sin embargo, un tercer escenario que se produce cuando la sociedad y sus miembros se organizan para transformar la tragedia en una oportunidad para que todos sus habitantes alcancen niveles de bienestar mayores a los existentes antes del terremoto.  Podríamos llamar a este escenario “construcción de oportunidades”.

Figura 1: Escenarios de futuro generados por el terremoto

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Hasta ahora varios actores públicos y privados han promovido el escenario de la reconstrucción de las comunidades afectadas por el terremoto, es decir recuperar la infraestructura y los niveles de bienestar existentes antes del movimiento telúrico. Este enfoque tiene, por los menos, tres problemas. En primer lugar, y quizás buscando responder con celeridad y eficiencia, se corre el riesgo de promover una reconstrucción basada en intervenciones estandarizadas, diseñadas e implementadas por actores externos con un enfoque de “arriba-abajo” que dificultará que sus respuestas respondan a la identidad, necesidades y aspiraciones de las comunidades.

Un segundo problema es que al enfocarnos en la reconstrucción se invisibilizan desafíos como la pobreza, la fragmentación social y la baja calidad de las instituciones que ya existían antes del terremoto. En Manabí el 31,4% de la población vive bajo la línea de pobreza que es superior al 25,8% existente en el Ecuador. Casi el 20% de la población tiene dificultades para entender lo que lee y escribe, lo cual afecta principalmente a las mujeres. Sólo el 58% de la población cuenta con acceso a agua entubada, muy por debajo del 78% de personas que tienen acceso permanente al líquido vital en el Ecuador.

Adicionalmente, Manabí es la única provincia del Ecuador donde existen varios polos de desarrollo, por lo que tiene su mayor fortaleza en la diversidad de culturas y ecosistemas. Sin embargo, existe alta desigualdad entre sus cantones así como entre las zonas urbanas y rurales debilitando la cohesión social. Por ello, la riqueza de tradiciones e identidad que existe en Manabí no está acompañada de una cultura de colaboración, por lo que la diversidad se transforma en fragmentación. Por esto es conocida la tristemente célebre expresión “manaba come manaba”, que refleja la limitada capacidad de unirnos en proyectos comunes para lograr juntos lo que difícilmente se alcanzaría por separado.

Finalmente, pero no menos importante, la instituciones públicas en Manabí siguen siendo débiles y tanto el caciquismo como el clientelismo siguen siendo la regla en el ejercicio de la política y de las políticas públicas. Ninguno de estos desafíos fue producto del terremoto que sólo hizo evidente la pobreza, la desigualdad, la necesidad de fortalecer el tejido social y la debilidad de las instituciones.

Un tercer problema de enfocarnos en la reconstrucción es que nos propone volver al pasado en lugar de desarrollar capacidades de transformación y reinvención. El desafío es más bien, convertir la tragedia en una oportunidad para liberar la fuerza creadora que nos permita imaginar comunidades más inclusivas, resilientes e innovadoras y acordar acciones concretas y creativas que permitan construir futuros sostenibles para todos.

¿Cómo logramos transformar la tragedia en construcción de oportunidades? A continuación comparto algunas experiencias y propuestas para avanzar en esa dirección.

Tejido social y liderazgo para transformar la tragedia en oportunidades

La sociedad es como una tela, entre más denso es el tejido, entre más hilos y conexiones existan, más fuerte es el textil. Contar con un tejido social fuerte, saber asociarse y tener organizaciones fuertes es una de las capacidades más importantes de una sociedad porque le permite autorregularse, proteger sus derechos y responder a amenazas y desafíos como los que dejó el terremoto.

Ahora bien, el tejido social no se produce espontáneamente. Lo hacen posible hombres y mujeres que sirven de conectores entre diferentes sectores de la comunidad, que generan confianza para trabajar de forma conjunta e inspiran a sus integrantes a unirse para trabajar juntos para lograr lo que difícilmente lograrían por separado.

Desde la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones de la Sociedad Civil (CEOSC), consideramos que las organizaciones sociales y ciudadanas tienen el potencial de contribuir al alcance de este objetivo. En primer lugar, es un sector con capacidad de promover una cultura de colaboración pues al ser entidades privadas con fines públicos pueden construir puentes entre el sector privado empresarial, la academia y el Estado. Adicionalmente, las organizaciones de la sociedad civil tienen como objetivos la promoción de valores como la participación, la equidad de género, y la colaboración, que son fundamentales para transformar la crisis en oportunidad. Además y a diferencia del Estado que tiene como fortaleza la generación de soluciones estandarizadas y de mayor escala, las organizaciones de la sociedad civil están más cerca de la realidad de las comunidades y tienen experiencia y capacidades para generar participativamente propuestas que respondan a las realidades y aspiraciones de cada comunidad.

Por ello y en alianza con varias universidades, la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones de la Sociedad Civil – CEOSC ha apoyado a diversas comunidades afectadas por el terremoto con estrategias que les permitan ponerse en el centro y salir fortalecidas y con nuevas perspectivas de desarrollo. Un ejemplo tangible se encuentra en Coaque, una comunidad de 2300 habitantes ubicada a pocos kilómetros al sur de Pedernales y también fue severamente afectada por el terremoto. Pese a su gran riqueza natural y cultural producto de ser el punto de encuentro de varios ecosistemas y ser la cuna de la cultura Jama-Coaque, 90% de la población vive bajo la línea de pobreza. En medio de lo difícil de su situación, la comunidad de Coaque se permitió imaginar un futuro distinto y construyó, como visión del futuro, transformarse en un destino de turismo cultural y ecológico reconocido nacional e internacionalmente.

La CEOSC promovió la construcción de un espacio en el que se encuentren diversas organizaciones de la sociedad civil y universidades para reunir diversos saberes y capacidades que permitan hacer realidad la visión de la comunidad de Coaque. Así, un grupo de conocedores de metodologías de planificación participativa apoyaron a la comunidad en el desarrollo de la visión de futuro: un grupo de arqueólogos contribuyeron con mapas de ubicación de los yacimientos arqueológicos de la comunidad; adicionalmente, expertos en turismo han apoyado en el desarrollo de productos que permitan que la comunidad se posicione como un destino turístico; artistas están diseñando un monumento para recordar y aprender del pasado, reconocer quienes han contribuido a los desafíos del presente para y reflejar las aspiraciones del futuro que quiere construir la comunidad.

Finalmente, un grupo de arquitectos y desarrolladores urbanos han generado una propuesta de plan maestro que, siguiendo el concepto de “Coaque, comunidad museos”, refleja la visión de la comunidad e incorpora, de forma integral, diferentes dimensiones económicas, sociales, ambientales y culturales que son requeridas para promover el desarrollo humano. En la figura 2 se aprecia un primer borrador del Coaque que quieren construir sus habitantes. Ahora el desafío es incidir para que esta propuesta de plan maestro sea parte del plan de desarrollo del gobierno central y local y así generar políticas públicas que apoyen su realización. Tenemos también el desafío de movilizar, nacional e internacionalmente, recursos que contribuyan a que la visión de la comunidad se haga realidad.

Figura 2: Propuesta de plan maestro que refleja la visión de futuro construido por la comunidad de Coaque

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Esto sólo fue posible por el compromiso de líderes y lideresas de Coaque que se han sobrepuesto al dolor que también les dejó el terremoto y encontraron las fuerzas para ayudar a sus comunidades a trabajar juntos para resolver problemas como la falta de alimentos y medicinas. Al hacerlo, estos héroes anónimos animaron a que su comunidad encuentre la esperanza y se permita soñar en un futuro mejor para todos.

El enfoque promovido por la CEOSC no está libre de costos y riesgos. Requiere, en primer lugar, construir confianza entre las organizaciones y las personas participantes; y eso toma tiempo. Exige además ceder poder para que sean las comunidades, y no los expertos, los que decidan el rumbo a seguir. Además, exige desarrollar tolerancia a la incertidumbre, a la dificultad de encontrar respuestas inmediatas y requiere ir aprendiendo sobre la marcha. Sin embargo y sin menoscabar la importancia de la infraestructura para servicios básicos como el agua potable, la mejor forma de enfrentar la destrucción que deja un terremoto es apostarle a las capacidades y el talento de las personas, fortalecer el tejido social y construir nuevos liderazgos que contribuyan con la construcción de comunidades que, aprendiendo del pasado, generen esperanza y oportunidades.

Manabí ha sido afectada por 7 terremotos en los últimos 120 años, es decir uno cada 17 años. Hemos tenido que dedicar buena parte de nuestros esfuerzos a enfrentar la destrucción y, por ello, no hemos podido aprovechar toda la riqueza de nuestros recursos y las capacidades de nuestros hombres y mujeres. No podemos permitir que luego del último terremoto todo siga igual. La experiencia de Coaque nos ha enseñado que la única forma de cambiar las cosas es cambiando a las personas que van a cambiar las cosas. Son las capacidades y el talento de los integrantes de las comunidades los que, en colaboración activa con el Estado, organizaciones de la sociedad civil, el sector privado, las universidades, los medios de comunicación y la cooperación internacional, logran que las cosas cambien.

Tenemos la posibilidad de transformar la tragedia en una oportunidad para trabajar juntos, no por una reconstrucción enfocada en la infraestructura física y en lo que éramos antes, sino por la construcción de un proyecto compartido que busque el cambio de las mentes, de la ética que rige las relaciones sociales y el establecimiento de nuevas instituciones de aprendizaje, creación e innovación. Sólo así honraremos el dolor que nos trajo la tragedia y construiremos un camino que permita generar oportunidades y dignidad para todos.

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