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Archive for 5 diciembre 2010

La otra integración Iberoamericana

Gracias a la invitación de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y la Universidad de Murcia, pasé dos semanas facilitando el curso de Políticas Públicas en la Maestría de Desarrollo Humano Sostenible e Intervención Social. Con casi medio millón de habitantes, la ciudad de Murcia está ubicada al sudeste de la Península Ibérica y es capital del Municipio y Provincia del mismo nombre así como de una de las 17 Regiones de España. Su cercanía al río Segura, la fertilidad de sus tierras y una tradición  agrícola milenaria han permitido que la huerta murciana sea reconocida como la Huerta de Europa.    

Además de conocer el destino elegido por cerca de 50.000 ecuatorianos que migraron hace una década y comprobar el esfuerzo por superarse de algunas compatriotas que conocí allá, este viaje me permitió vivir de cerca la situación que están viviendo España y Europa. Allá comprobé que la unión política y el modelo social europeo es el mejor del mundo pero, también, que en muchos países es insostenible. La crisis económica y la inamovilidad en los cargos ha elevado el desempleo hasta el 10% en los 16 países que conforman la Eurozona (en España esta cifra llega al 19%) lo que está  empujando a jóvenes de varios países europeos a buscar oportunidades en otras regiones del mundo. Según estadísticas oficiales, entre junio de 2009 y junio de 2010, unas 65 mil personas abandonaron Irlanda, la cifra más alta de las últimas dos décadas. Aún más: un reciente informe del Instituto Irlandés de Investigación Económica y Social predijo que, producto de la crisis en el “tigre celta” se espera que unos 200 mil irlandeses abandonen el país entre 2010 y 2015. Pero el fenómeno se está extendiendo a otros países: según un estudio de la universidad canadiense Simon Frasier, unos 100 mil portugueses abandonaron el país entre 2007 y 2008.

Quizás más impactante que estas estadísticas son las palabras de Pier Luigi Celli, rector de la italiana Universidad Libre Internacional de las Ciencias Sociales quien expresa en una carta abierta a su hijo, publicada en noviembre de 2009 por el periódico romano La Repubblica: “Con el corazón que sufre más que nunca, mi consejo es que, una vez terminados tus estudios, te vayas al exterior. Elige irte donde aún tiene sentido la lealtad, el respeto, el reconocimiento del mérito y de los resultados (…). Hazme caso: éste es un país que no te merece. Hubiéramos querido que fuera distinto, pero fracasamos”.

¿Cómo llegó Europa a esta situación? ¿Cómo se explica que, en pocas décadas, la importancia de las  economías europeas  habrá caído del 20% actual a menos de la mitad del total mundial? Varios de las y los participantes del programa de estudios con los que interactué en Murcia expresaron su descontento con un sistema que genera rigidez en las estructuras socio-económicas y que impide la movilidad de iniciativas emprendedoras, capaces de innovar, crear valor y expandir oportunidades para todos.  Conversaciones con profesores y estudiantes me dejaron claro que uno de los grandes problemas de España y, probablemente de gran parte de Europa, es que estableció un sistema donde se esperaba que los problemas públicos sean resueltos predominantemente por el Estado. La crisis hoy evidencia que ningún actor, por legítimo y poderoso que sea tiene todos los recursos ni las ideas para promover el desarrollo. Europa ha contagiado al mundo valores y ejemplos que han inspirado a otras regiones a construir sistemas sociales y económicos que buscan garantizar los derechos de todos los y las ciudadanas. Sin embargo, al  reducir lo público a lo estatal como medio para construir un sistema caracterizado por la solidaridad y la equidad, el continente europeo parece haber reducido también el dinamismo y capacidad de otros actores de la sociedad para contribuir con la generación de oportunidades que permitan a las personas tener una vida plena. Y esa parecería ser una de las explicaciones de la escasez de organizaciones de la sociedad civil que trabajen de forma  permanente y proactiva más allá de las, necesarias pero insuficientes, protestas en las calles.  

No será posible superar crisis como las que vive actualmente Europa sin contar con estados estratégicos y fuertes; mercados dinámicos y emprendedores (e inteligentemente regulados!); y, una sociedad civil innovadora y solidaria. Por ello, a España y a Europa le urge promover y fortalecer organizaciones de la sociedad civil; la crisis exige más que nunca que existan ONG, Asociaciones, Centros de Políticas Públicas, Organizaciones barriales y estudiantiles, entre otras expresiones de la ciudadanía comprometidas con la promoción de nuevas políticas y prácticas que podrían devolver el dinamismo, la creatividad y el sentido de propósito a España y a Europa.

¿Cómo hacerlo? Los participantes de la Maestría de Desarrollo Humano e Intervención Social de la Universidad de Murcia generaron varias propuestas para potenciar  la vida cívica que van desde presupuestos participativos en los Ayuntamientos hasta asociaciones de agricultores orientadas a mejorar las condiciones de intercambio así como el bienestar de productores como de consumidores. A lo largo de las clases tuve la oportunidad de compartir el dinamismo y creatividad que ha alcanzado la ciudadanía en América Latina y coincidimos en la necesidad de intercambiar experiencias que apoyen los esfuerzos de Europa por reconstruir su sociedad civil. En esas conversaciones en Murcia, también me quedó claro que la generación de espacios de participación y acción ciudadana no puede venir sólo de una tendencia ideológica, ni sólo del Estado o los partidos políticos; este proceso debe venir principalmente de la misma sociedad civil: de ciudadanos y ciudadanas “de a pie” que, conscientes de la importancia de su rol en el desarrollo, se organicen para promover Estados más honestos y efectivos, mercados más transparentes e inclusivos, ciudadanías más activas y comprometidas…

La globalización está aumentando aceleradamente los problemas que requieren respuestas coordinadas entre varias regiones y países. La integración en Iberoamérica ha avanzado entre los Estados y las empresas privadas. Quizás ha llegado el tiempo que comencemos a avanzar en la integración de las ciudadanías. El entusiasmo y compromiso que sentí en Murcia son una muestra que las organizaciones de la sociedad civil tienen un rol fundamental promoviendo esa otra integración, que además puede ayudar tanto a Europa como a América Latina a superar los desafíos para alcanzar un desarrollo auténticamente humano y sostenible.

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